lunes, 29 de octubre de 2012

LIBERTAD TOTAL 7


7
23 de abril del 2012


Richard ya tenía la mano insensibilizada de tanto firmar libros, su cola era interminable. Había tenido menos de una hora para comer y llevaba dos horas casi sin parar. Esta sería la última vez que lo haría, se acabaron los compromisos. A partir de ahora estamparía su firma y una dedicatoria estándar en cada libro antes de publicarlo. Estaba deseando ponerse a escribir su nueva novela.
Y Bárbara no aparece, qué raro. Solo me falta una caseta.”
Entonces la vio, su pelo suelto, ligeramente ondulado, le llegaba más abajo de la cintura, vestía un conjunto de lino blanco que hacía resaltar su piel morena, como único adorno llevaba un largo collar de pequeñas conchas marinas. En las manos llevaba tres libros. Estaba con otra chica, rubia y pecosa.
Buenas tardes, tiene cara de cansado.
Si, llevo ya muchas horas danzando, no le doy la mano porque no sé donde la tengo, la perdí hace rato.
Me lo imagino, si lo prefiere puede firmar mis libros en otro momento.
No, déjeme ver cuales son. Vaya, mis preferidos. – Dijo al tiempo que se los dedicaba – ¿Quedamos para esta noche, le va bien a las nueve, dónde quiere que la recoja?
No se moleste, me acercaré a su hotel, no me queda lejos. Así podrá descansar un poco.
¡Qué amable y considerada es usted!
Hasta luego, Sr. Coleman.
Llámeme Richard, please. See you later, Barbara.
La miró alejarse entre la multitud, empezaba a desear que fueran las nueve. Aún no eran las seis.
A las siete y cuarto entró en su habitación, se dejó caer sobre la cama sin desvestirse, haría como los españoles: una siesta de veinte minutos, sería suficiente.


Mientras, Raquel se estaba dejando peinar por Sofía, – lo quiero suelto.
Si, cariño, suelto pero con un poco de alegría, mujer.
Mira este vestido, se va a caer de la silla cuando te vea, – le mostraba Jorgina – es de cóctel, ni demasiado corto ni muy largo, clavado, y este color granate con los cristalitos de Swarovski le va a deslumbrar. Pronto habrá boda, nenas, prepararos.
Silvia, con su pelo rojizo tapándole media cara, estaba observándolas con cara ensimismada, recostada en el sofá.
Vamos, no pienses tanto en el jefe, te está saliendo humo por las orejas y la nariz, – le recriminó Sofía, sonriendo – cuanto más quieras disimular más se dará cuenta, no es tonto.
¿Si?, pues no me hace ni puto caso. ¿Estará casado, qué creéis?, Raquel, tu que le conoces mejor, ¿qué sabes de Luigi?
Nadie sabe nada de la vida privada de Fondant, es sumamente discreto, muy celoso de sus cosas, – cariño – aparece y desaparece como por arte de magia, es toda una incógnita.
Y si le regalo un libro, – insistió Silvia – ¿crees qué le molestará?
No es una buena idea, cielo, yo no lo haría, – saltó Jorgina – a los hombres nunca hay que perseguirlos, él ya sabe, si le interesas déjale que de el primer paso, no te adelantes.
Está bien, – respondió Silvia, suspirando – tendré paciencia.

Raquel se acercó a ella y la abrazó tiernamente, si no la hubiera visto en acción diría que esta niña nunca podría ser policía, pero lo era y de las buenas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR TUS COMENTARIOS.