lunes, 29 de octubre de 2012

LIBERTAD TOTAL 6


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23 de abril del 2012


Bárbara aprovechó para dormir un poco más, después de la noche pasada se sentía agotada.
Despertó paulatinamente pensando en su escritor preferido, que la invitara a cenar era el honor más grande que se podía imaginar. Además, en persona, era mucho más atractivo que en todas las fotos que había visto. Tenía pensado ir a verle por la tarde a Puerta del Ángel, antes tenía muchas cosas que hacer y debía pedir permiso a Luigi para poder tener unas horas libres.
Tras un rápido baño el olor a café que inundaba el apartamento la arrastró a la cocina, sus compañeras le habían preparado un suculento desayuno. También ellas estaban todavía medio adormiladas después de la intensa nochecita que no dio resultado alguno.
Por lo visto nuestro asesino ha decidido descansar, vete a saber dónde estará en estos momentos el cabrón. ¿Preparando la próxima jugada? ¿Viajando hacia otra capital? ¿Disfrutando de Sant Jordi? ¿Comprándole una rosa a su p... madre. – parloteba Jorgina, más para sí misma que para las demás. – Buenos días Bárbara–Raquel, ¿has dormido bien?
Bueno, aparte de una docena de pesadillas, el jet lag y los ruidos del vecino, no ha estado mal. No, en serio, he dormido poco pero bien. ¡Un cafecito, porfa!
¡Hoy es tu cita con el adonis! ¿Qué te vas a poner?
Espero que Fondant no me ponga pegas.
No, mujer, ya sabes que el jefe te adora. Además parece que nuestro amigo se va a tomar su tiempo para volver a partirle el cuello a otra.
No tiene gracia, Jorgina, – le recriminó Silvia – todo te lo tomas a cachondeo.
Pues si te parece me pongo a llorar, querida. ¿No será que tú te lo tomas todo demasiado a la tremenda?
Vamos, no discutáis que tenéis que ayudarme las tres – Raquel se partía de risa con las dos – Sofía, necesito tus mágicas manos de peluquera y las tuyas de maquilladora, Jorgina, vamos a preparar nuestro salón de belleza particular. Silvia, mi manicura preferida, hoy tengo que estar resplandeciente.
¡Exagerada! Si ya sabemos lo natural y poco presumida que eres, a nosotras no nos engañas. Vamos a vestirnos que hay reunión en media hora.
Tenían razón, Raquel, harta de tener que arreglarse tanto para su trabajo tapadera como azafata, cuando no volaba se ponía lo más sencillo y cómodo que tenía y se maquillaba lo justo.
Se encontraron con Luigi en la oficina de la calle Aribau, a las doce en punto. A los compañeros de Francia y Alemania ya les conocían de anteriores casos pero al inglés y al de Bruselas era la primera vez que les veían, aunque habían oído hablar mucho de ellos, uno por su extraordinaria inteligencia y al otro por lo guaperas que era, el belga tenía fama de hombre fatal, todo un James Bond.
Las cuatro se quedaron de piedra al verle, era impresionantemente guapo, una maravilla. Se llamaba Ian d´Hoogue.
Este es mío, – cuchicheó Jorgina – lagartas, no le miréis tanto, joder.
--Tenemos novedades sobre la mujer encontrada ayer en el Hostal Roma, Margarita Recasens, – empezó a decir Luigi – había dejado a sus hijos al cuidado de una canguro adolescente porque su marido está viajando por trabajo, parece ser que le entraron ganas de fiesta. No tiene muy buena fama en su barrio. Sus padres están esperando a que les entreguen el cuerpo, están destrozados.
¿Y los niños? – Preguntó Silvia, mirándose sus deportivas amarillo fluorescente con timidez.
Están con sus tíos paternos y sus primos, no saben nada, son muy pequeños.
A Raquel se le hizo un nudo en el estómago. Jorgina estaba más seria de lo habitual en ella. Sofía sintió crecer la ira en su interior y a Silvia le resbalaron unas furtivas lágrimas. Fondant lucía unas oscuras ojeras.
¿Qué sabemos del recepcionista? – Inquirió Sofía.
La policía nacional ha ido a buscarlo a su casa, les recibió su hermana, por lo visto hoy tiene fiesta y pensaba pasear por los puestos de libros y celebrar este día con un grupo de amigos. No contesta al teléfono, es muy posible que lo tenga apagado. Deberemos esperar a que su hermana le de el recado, se va a llevar un buen susto cuando sepa la noticia.
¿Qué opinan nuestros colegas, los guiris? – Bromeó Jorgina para romper el hielo – ¿Tienen algo nuevo que aportar?
Hemos trabajado con varios psiquiatras para concretar un perfil, teniendo en cuenta el tipo de víctimas, el modo de matar, los lugares, en fin, según la opinión de los expertos lo más factible es que el sujeto en cuestión haya sido maltratado por alguna mujer en su infancia o bien que haya sido cruelmente traicionado por alguna siendo muy joven. Lo que le mueve no es un deseo de matar por matar, parece más bien una especie de venganza. – Explicó John, el inglés.
¿Entonces es posible que no busque él a sus presas sino que sean ellas las que le “encuentren” a él, dándole motivos para querer acabar con ellas. Despertando sus ansias de venganza? – Propuso de nuevo su teoría Raquel.
Muy aguda, señorita, es justo la conclusión más posible, en eso estamos todos de acuerdo. – La felicitó Walter, que hablaba un perfecto español. Había nacido en Hamburgo pero su padre era español y su madre italiana por lo que dominaba varios idiomas.
Pues lo tenemos claro, – se mofó Jorgina – hombres que se sienten maltratados o traicionados por mujeres los hay a miles, por no decir millones.
También es cierto – la alabó Ian, que no le quitaba ojo – será como buscar ¿un pajar en una aguja, dicen los españoles?
La carcajada de Jorgina resonó en toda la sala, lo que hizo reír a todos, incluida Silvia.
Ya te enseñaré yo español, colega, ¿esta noche?
Disolvieron la reunión entre risas para no atormentar más sus espíritus con la imagen de los niños huérfanos de madre. Todos se entendían muy bien después de años de lucha contra la maldad más real.
Tomaros la tarde libre, hasta las diez, pero tener los móviles pegados a la oreja. – Dijo Fondant, despidiéndose – Yo voy a dormir una larga siesta, espero. Hasta que aparezca el recepcionista, que puede ser a cualquier hora.
Las chicas invitaron a los extranjeros a comer en su casa, nunca iban más de dos a ningún lugar público.
Raquel y Silvia se ocuparon de la ensalada y una buena tortilla de patatas mientras Jorgina y Sofía mimaban a sus huéspedes en el salón.
Ian no dejaba de rozar con cualquier excusa a Jorgina, ésta se dejaba, haciéndose la tonta.
Jean Paul miraba como la luz del sol hacía brillar los rubios cabellos de Sofía, – las mujeges españolas son muy jolie, a mí gustag tus pecos.
¿Tus pecos? Serán sus pecas, – explotó de risa Jorgina – lo que nos faltaba, un francés seductor.
Walter y John, absortos con las imágenes del televisor, se unieron a las risas.
Ya te dije que no debimos traerlos, son peligrosos, – bromeó Walter – vayan con cuidado señoritas.
Ja, – respondió Sofía – tranquilo, con otros toros hemos lidiado.
¡Oh, tu seg togega!, – se admiró el francés.
¡Torera! Ja, ja, ja, no, hombre, no, ¡detesto las corridas!
¡Qué lástima! – contestó Jean Paul, que hablaba mejor español de lo que quería dar a entender.
Raquel y Silvia entrando con los platos les descubrieron muertos de risa.
Tras la comida se despidieron hasta la noche.

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