lunes, 29 de octubre de 2012

LIBERTAD TOTAL 3


                                                                            3
                                                            22 de abril del 2012

El bar del hotel estaba muy concurrido, los clientes tomaban su última copa antes de retirarse a sus respectivas habitaciones.
El estaba en la barra, al acecho, con su atractivo cuerpo delgado pero musculoso y un rostro de protagonista de película sabía que la rubia sentada a su lado no tardaría en caer. Llevaba tiempo observándola. 
“No es clienta del hotel, es la típica buscona de la ciudad. Otra ilusa que solo por ser guapa esperaba dar el salto en su mísera vida cazando algún millonario, extranjero y tonto, eran los más fáciles. Aunque sabía que la gran mayoría solo la querrían para esa noche a cambio de una generosa recompensa no dejaba de intentar que alguno se enamorara y así poder realizar su ambicioso sueño.”
Ella se sabía observada, adoptó una actitud muy digna pero muchos detalles la delataban: la confianza con el camarero, las múltiples miradas de reojo que creía imperceptibles, la postura forzada, su atuendo más propio de una adolescente que de una mujer segura de sí misma, la supuesta indiferencia y otros tantos detalles evidentes que a él no se le escapaban.
“Este no deja de mirarme, es demasiado guapo, no se dejará engatusar pero no está nada mal para un revolcón. A ver si se decide a hablarme de una vez, ya está tardando.” Pensaba mientras se movía inquieta sobre el taburete.
 – ¡Otra copa y sírvale también a la señorita, lo que desee!  –  le dijo al camarero mientras a ella le regalaba su sonrisa espectacular.
 – ¿Me permite invitarla?
 – Por supuesto, gracias, hablas muy bien el español, ¿de dónde eres? ¿Te quedas muchos días? ¿Qué haces en Barcelona? Si quieres puedo enseñarte la ciudad.
“La he puesto nerviosa. Vaya parloteo.”
 – Soy masajista – con esto tiene suficiente – la noto un poco tensa.
 – Pues no me iría mal un masaje, tienes razón, tengo la espalda que no puedo con ella. ¿Vamos a tu habitación?
 – No me alojo en este hotel, estoy en casa de mis abuelos. ¿Vives muy lejos?
 – ¿Tus abuelos viven aquí? Pensaba que eras extranjero.
 – Y lo soy, estoy de visita. ¡Vamos a otro hotel!
Terminadas las consumiciones salieron a la rambla y se adentraron en las pequeñas calles, menos transitadas, en busca de un hotel menos conocido.
 – Dales tu carnet, me he dejado mis documentos en casa – le dijo, rozándole la oreja con sus labios.
 – Van a pedir el tuyo también.
 – Di que soy tu marido, los dos tenemos alianza – argumentó sacando dos anillos iguales del bolsillo interior de su americana.
 – Ja, ja, ja, lo tenías todo previsto, pillín.
 – No, son de mi primo, se casa mañana.
No les pusieron pegas en el hotelucho, con cien euros de propina hicieron la vista doblemente gorda.
 – Estoy deseando ese masaje, por cierto, ¿cómo te llamas? , yo soy Margarita.
 – Raymond, ¡desnudate y tumbate boca abajo!  –  Le ordenó, sentándose en un sillón.
 – Y tú, ¿no te desnudas?
 – Después, quiero contemplarte.
Ella empezó a hacer un simulacro de striptease silencioso mientras le miraba y gesticulaba ridículamente seductora.
 – Ven aquí, mi amor,  –  le invitó entre risitas, mientras se acostaba, como él le había indicado, ofreciéndole toda su parte trasera.
Él se acercó abriendo un sobrecito de aceite para masajes, se sentó a horcajadas sobre ella, sin desvestirse, y empezó a masajear su espalda.
 – ¡Qué alivio, cómo me gusta!
 – Guarda silencio, ahora viene lo bueno. 
La cogió por ambos lados de la cabeza, acariciando su cabello con las yemas de los dedos, ella se relajó completamente, él, con un repentino y brutal giro, la desnucó.
Se levantó despacio, se quitó los guantes transparentes, recuperó el anillo y salió al amparo de la noche, de vuelta a su hotel.

1 comentario:

  1. Me encanta cómo das vida a tus personajes, son geniales. Trasmites tanta alegría... No dejas de sorprender. Lo bueno de leerte es que sé que no me voy a aburrir.

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