jueves, 8 de noviembre de 2012

LIBERTAD TOTAL 9


9
23 de abril del 2012
Raquel abrió la puerta y entró apresurada en la sala de reuniones sobresaltando a sus compañeros que estaban escuchando totalmente concentrados a su jefe, Luigi. Eran las once y treinta y cinco, la reunión había empezado a las once.
Buenas noches, disculpen el retraso.
Buenas noches, Raquel, acomódese y prosigamos. –Ordenó Fondant, sumamente serio. Jorgina le indicó una silla a su lado.
¿Dónde está Silvia? – Susurró Raquel.
No lo sé, su móvil está apagado o fuera de cobertura – contestó Jorgina, imitando una voz robótica.
Al fin hemos podido interrogar al recepcionista del Hotel Roma. Dice que no se fijó en la cara del hombre que acompañaba a la mujer. Solo tuvo ojos para ella, iba un poco descocada y además fue ella la que le dio la propina. No insistió con la documentación de los dos porque le dijeron que eran matrimonio y que el marido la había olvidado en casa. Esa es su excusa. –Fondant clavó su fría mirada en Raquel. – Sabía que llegarías tarde pero quiero que localicéis a Silvia, ya, ¿qué habéis hecho esta tarde? ¡Quiero informes.!
Jefe, la hemos dejado en casa a las ocho de la tarde, a las ocho treinta tenía que recorrer los hoteles de la rambla. Sofía no tenía nada que hacer hasta la reunión y yo he estado pateando el barrio gótico con Ian. Raquel, ya lo sabe, estaba con su escritor. – Habló Jorgina, apresurada por la imposición de Fondant.
Una luz parpadeante indicó una llamada interior para Luigi Fondant. Respondió, presuroso, pensando que sería de Silvia. Su rostro se demudó en un gesto de rabia. Colgó el teléfono con un golpe seco.
Tenemos otra víctima. En el Hotel Ramblamar, en la rambla. La policía va para allá, les he dicho que te esperen Raquel, no quiero que toquen nada hasta que llegues. Quiero que seas la primera en ver la situación. Llévate a nuestros forenses. Jorgina, tu y Sofia, buscarme a Silvia.
Se pusieron en pie y salieron de la sala a toda prisa. Ver al jefe en ese estado tan imponente les daba un miedo atroz, a ellas, que no sentían temor por nada.
¿Quién era tu acompañante, Sofía? – Pregunto Raquel al tiempo que paraba un taxi.
Mi novio, ya os lo presentaré un día de estos.
¿Cómo que tu novio, desde cuándo tienes novio? – Saltó Jorgina, imperiosa. – No nos habías dicho nada, tramposa.
Es que es muy reciente, chicas, luego os contaré.
¿No es un poco pequeño para ti? – Inquirió Raquel, disimulando la risa.
Ja, ja, ja, pequeño pero matón. Vamos, a trabajar, que el jefe está que echa rayos y truenos. Si no le traemos resultados pronto nos va a castigar con saña, ya le conocéis, es de cuidado. Me pregunto que hará él mientras nosotras pateamos las calles.
Eso nadie lo sabe, Sofía, es un misterio absoluto. Algún día le espiaré. – Dijo Raquel, pensativa.
Ni se te ocurra, se te caería el pelo si se diera cuenta, pero tienes buenos recursos. El día que lo hagas avísame, te ayudaré. – Comentó Jorgina, envalentonada.
Un cordón policial rodeaba el hotel, las luces de la ambulancia que esperaba el cadáver iluminaba parte de la rambla. Los transeúntes, en su mayoría chicas y chicos jóvenes, curioseaban con descaro tras los policías que impedían el paso a la zona. Raquel, seguida de los forenses, corrió escaleras arriba, la habitación estaba en la primera planta. Dos policías la esperaban ante la puerta cerrada.
¡Abran, por favor!
La estancia estaba casi en penumbra, solo la luna iluminaba la cama donde una sábana cubría parcialmente el cuerpo. Entonces la vio y se paró en seco; una deportiva amarilla fluorescente asomaba entre la ropa. La víctima estaba boca abajo, no podía ver su cara porque estaba girada hacia la ventana. Encendió la luz y procurando no alterar cualquier huella se fue acercando al otro lado del lecho. Contempló a Silvia en su último sueño, sus ojos verdes parecían de cristal. Frías gotas de sudor perlaron su frente y un temblor indómito la invadió pero lo cortó con una fría determinación. “Este asesino es mío.”

miércoles, 7 de noviembre de 2012

LIBERTAD TOTAL 8


8
23 de abril del 2012


Raquel llegó al Hotel Meridien media hora antes de su cita con Coleman, quería observar el ambiente donde se movía el escritor. Se instaló en una pequeña mesa al lado de la puerta de entrada, en el bar del hotel. Un grupo de personas estaban celebrando algo, deducía al ver las copas de cava y unos apetitosos aperitivos, los camareros y camareras se mostraban muy solícitos con ellos. Un pianista con el pelo canoso amenizaba con música de Frank Sinatra el local. De pronto, al apartarse un cliente de la barra, le vio, estaba de espaldas, conversando con otro hombre casi tan alto como él pero bastante más delgado. Por los gestos diría que estaban discutiendo, se concentró en leer los labios del que tenía enfrente. Ambos vestían unos trajes impecables. Eran las nueve, se levantó y se acercó a ellos, el interlocutor de Richard se la quedó mirando fijamente, parecía molesto por la interrupción pero al instante su rostro adquirió una expresión seductora mostrando una sonrisa perfecta. Coleman se giró y al verla la cogió del brazo y le cedió su taburete.
Permítame presentarle a mi hermano, Robert.
Bárbara, nice to meet you, – se presentó ante la exagerada reverencia que acompañó un imperceptible beso en su mano.
No se podía negar que eran hermanos, solo sus ojos verdes y su cabello castaño contrastaban con los ojos azules y el pelo más oscuro de Richard.
Richard, no me habías hablado de esta belleza, ¿la tenías escondida, hermanito?
Resulta empalagoso. – Pensaba Bárbara, sonriente, disimulando su hastío.
Bárbara, vamos a cenar querida, tengo mesa reservada en el Set Portes. Nos vemos mañana, Robert. – Se despidió, obviando olímpicamente la pregunta.
Con una leve inclinación de cabeza y sin mediar más palabra, Robert se alejó en dirección a la salida del hotel.
Espero no haber interrumpido nada importante, Richard.
A él quizá si, siempre lo quiere todo para ahora; a mi, por supuesto que no, querida, me ha salvado usted. Algún día le contaré la historia de mi hermanito es dos años menor que yo pero siempre me quiere proteger, ¿no sé de qué?
La curiosidad puede conmigo pero prefiero que me hable de usted y de sus libros.
Siempre está usted muy elegante, Bárbara, su vestido es precioso, me siento muy honrado con su compañía. Le agradezco que aceptara mi invitación.
El honor es mío, Sr. Coleman, – un leve rubor, provocado por el cumplido, calentó sus mejillas – estoy cumpliendo uno de mis sueños, conocerle a usted.
No soy para tanto, ya lo comprobará. ¿Vamos?
En la entrada del hotel les esperaba un cochazo, el conductor sujetaba, con un ademán elegante, la puerta posterior abierta.
No le imaginaba con chofer, pensaba que le gustaba conducir.
No me gusta conducir en las grandes ciudades, es un coche de alquiler.
En el restaurante escogieron una mesa apartada de la entrada, podían ver a todos los que entraban y salían.
¿Qué desea comer, Bárbara, siento no conocer sus gustos.
Voy a mirar la carta – Raquel estaba cada vez más impresionada, la presencia del escritor la imponía demasiado y no estaba acostumbrada a esa sensación. Normalmente era ella la que manejaba las situaciones, sentía que ésta se le escapaba de las manos. – Salmón con verduras al dente estará bien.
Yo tomaré lo mismo, ¿brindamos? – Esta mujer es extraordinaria, ten cuidado Richard, podría robarte el corazón. – Por usted, querida.
Por nosotros, Richard, salud.
¡Bárbara, mire, aquella chica!, ¿no es su amiga? La que iba con usted esta tarde, la rubita pecosa.
Raquel, asombrada, dirigió su mirada hacia donde él le indicaba, a cuatro mesas de ellos estaba Sofía con un chico bastante más bajo que ella, extremadamente delgado, con media melena, unas manos muy finas y una cabeza muy pequeña, lo único que tenía prominente era la nariz. Vestía un pantalón negro, una camisa granate y una americana corta de color marrón. Que raro, ¿quién sería?
No, no lo es, pero se le parece mucho. ¿Cuánto tiempo se va a quedar por aquí?
Unos días, después vuelvo a mi casa en Menorca, estoy deseando escribir mi nueva novela. Por cierto, la invito a visitarme cuando quiera, ¿conoce la isla?
La conozco porque tengo una amiga que vive allí desde hace muchos años. Tenía pensado ir unos días durante mis vacaciones.
Espero que sea pronto, ¿hace mucho que trabaja de azafata? Es usted muy joven.
Cerca de cuatro años, no soy tan joven, tengo treinta años.
Una mujer que confiesa su edad no es muy común.
Bueno, tampoco soy tan vieja, y usted, ¿cuántos tiene?
Unos cuantos más que usted, cuarenta.
Pues ya que somos tan jóvenes, ¿por qué no nos tuteamos, Richard?
Por supuesto, querida, me parece muy bien. Quiero saber más cosas de ti, cuéntame.
Tu primero, por favor, ¿puedo preguntar de que trata tu nuevo libro?
Si me guardas el secreto te lo contaré. Es broma. Veamos, al contrario de los demás que eran una mezcla de historia y sociología, ya sabes; este es de ciencia ficción; me apetecía cambiar de género. ¿Te gusta la ciencia ficción, has leído algo?
Isaac Asimov, Meyer, Un mundo feliz, he leído un poco, si. No me desagrada. ¿Salen extraterrestres?
No, ja, ja, ja, escribo sobre la teoría de cuerdas, otras dimensiones, ¿entiendes?
Si, algo he leído también sobre ese tema, es apasionante. ¿Cómo es tu vida en Menorca, no te aburres? Es una isla muy tranquila, comparada con Mallorca o Ibiza, sobre todo en invierno.
¿Aburrirme? No, es perfecta para un escritor que justamente lo que necesita es paz, como yo. Me levanto antes del amanecer y salgo a la playa, haga frío o calor, para ver la salida del sol. Es un espectáculo grandioso ver como la luz, en un despliegue lento, va poseyendo a la oscuridad. La aparición del sol, inmenso, guiñándome un saludo matinal al cual yo correspondo con mis propios guiños. A veces siento que me habla: Ey, chico, vuelves a estar ahí, esperándome,  puntual. ¿Dónde estabas estos últimos días? Te eché de menos, friend.
Ja, ja, ja, ¿y tú, le contestas?
Si, a veces tengo largas conversaciones con él. Me relaja a la vez que me llena de energía. El mar, cuando está como un espejo, me invita a sumergirme en sus aguas acariciadoras, frescas y hospitalarias; cuando está bravío se limita a golpear mis pies, como diciéndome que calme a ese viento que tanto le molesta.
¡Qué palabras más bonitas, me encanta como describes las cosas, no en vano eres escritor.
Después vuelvo a casa, enchufo la cafetera y me doy una ducha rápida; después de desayunar me siento ante el ordenador y escribo sin parar hasta la hora de comer.
¿Cómo haces para inspirarte? Sé de muchos escritores que se han quedado en blanco, como dicen ellos, que les cuesta encontrar buenas ideas, que se pierden en devaneos. Se desesperan.
Creo que no hay que esperar a las musas, a partir de una idea las palabras salen, solas, no hay que forzarlas, cobran vida propia. Las historias utilizan tus manos para plasmarse en el papel, quieren ser conocidas. Los personajes se adueñan del escritor, sin pedir permiso; una vez los sacas a la luz te desbordan, ya no soy yo, son ellos. No puedo luchar, no se dejan, solo soy un instrumento.
¿Pero te gusta lo que escribes?
No siempre pero la historia te avasalla, los personajes hacen y dicen lo que quieren. No puedo evitarlo. Son más fuertes que yo. A veces he intentado dominarlos cerrando el ordenador de golpe y dándome un tiempo para retomar la narración pero al volver me están esperando aún más ansiosos y con una sonrisa sarcástica vuelven a hacer de las suyas. No me respetan.
Ja, ja, ja, hablas de ellos como si fueran reales.
Es que lo son, querida, lo son.
¡Son las once! Se me ha pasado el tiempo volando. Lo siento, Richard, no puedo llegar demasiado tarde a mi casa.
Pareces una cenicienta, con treinta añitos.
Es que soy muy despistada, me he dejado las llaves sobre la mesa y no quiero despertar a mis padres.
No te preocupes, ahora mismo te llevo. – Entregó su visa oro al camarero y se levantó presto a retirar la silla de Bárbara para que se pusiera en pie, cogiéndole una mano.
Muchas gracias, Richard, ha sido un placer escucharte y la cena ha estado deliciosa. No es necesario que me acompañes, puedo coger un taxi.
Ni hablar, faltaría más. Me encantaría verte mañana, ¿es posible?
Claro, mañana te invito yo a comer. Estaré en tu hotel a la una del mediodía, si no es demasiado tarde para ti.
Me he acostumbrado al horario español, no te inquietes.
La dejó ante un portal de la calle Aribau. Se despidieron con dos besos y un abrazo por parte de ella que sorprendió gratamente a Richard. Raquel hizo ver que llamaba a un timbre del portero automático mientras el coche se alejaba despacio.

lunes, 29 de octubre de 2012

LIBERTAD TOTAL 7


7
23 de abril del 2012


Richard ya tenía la mano insensibilizada de tanto firmar libros, su cola era interminable. Había tenido menos de una hora para comer y llevaba dos horas casi sin parar. Esta sería la última vez que lo haría, se acabaron los compromisos. A partir de ahora estamparía su firma y una dedicatoria estándar en cada libro antes de publicarlo. Estaba deseando ponerse a escribir su nueva novela.
Y Bárbara no aparece, qué raro. Solo me falta una caseta.”
Entonces la vio, su pelo suelto, ligeramente ondulado, le llegaba más abajo de la cintura, vestía un conjunto de lino blanco que hacía resaltar su piel morena, como único adorno llevaba un largo collar de pequeñas conchas marinas. En las manos llevaba tres libros. Estaba con otra chica, rubia y pecosa.
Buenas tardes, tiene cara de cansado.
Si, llevo ya muchas horas danzando, no le doy la mano porque no sé donde la tengo, la perdí hace rato.
Me lo imagino, si lo prefiere puede firmar mis libros en otro momento.
No, déjeme ver cuales son. Vaya, mis preferidos. – Dijo al tiempo que se los dedicaba – ¿Quedamos para esta noche, le va bien a las nueve, dónde quiere que la recoja?
No se moleste, me acercaré a su hotel, no me queda lejos. Así podrá descansar un poco.
¡Qué amable y considerada es usted!
Hasta luego, Sr. Coleman.
Llámeme Richard, please. See you later, Barbara.
La miró alejarse entre la multitud, empezaba a desear que fueran las nueve. Aún no eran las seis.
A las siete y cuarto entró en su habitación, se dejó caer sobre la cama sin desvestirse, haría como los españoles: una siesta de veinte minutos, sería suficiente.


Mientras, Raquel se estaba dejando peinar por Sofía, – lo quiero suelto.
Si, cariño, suelto pero con un poco de alegría, mujer.
Mira este vestido, se va a caer de la silla cuando te vea, – le mostraba Jorgina – es de cóctel, ni demasiado corto ni muy largo, clavado, y este color granate con los cristalitos de Swarovski le va a deslumbrar. Pronto habrá boda, nenas, prepararos.
Silvia, con su pelo rojizo tapándole media cara, estaba observándolas con cara ensimismada, recostada en el sofá.
Vamos, no pienses tanto en el jefe, te está saliendo humo por las orejas y la nariz, – le recriminó Sofía, sonriendo – cuanto más quieras disimular más se dará cuenta, no es tonto.
¿Si?, pues no me hace ni puto caso. ¿Estará casado, qué creéis?, Raquel, tu que le conoces mejor, ¿qué sabes de Luigi?
Nadie sabe nada de la vida privada de Fondant, es sumamente discreto, muy celoso de sus cosas, – cariño – aparece y desaparece como por arte de magia, es toda una incógnita.
Y si le regalo un libro, – insistió Silvia – ¿crees qué le molestará?
No es una buena idea, cielo, yo no lo haría, – saltó Jorgina – a los hombres nunca hay que perseguirlos, él ya sabe, si le interesas déjale que de el primer paso, no te adelantes.
Está bien, – respondió Silvia, suspirando – tendré paciencia.

Raquel se acercó a ella y la abrazó tiernamente, si no la hubiera visto en acción diría que esta niña nunca podría ser policía, pero lo era y de las buenas.


LIBERTAD TOTAL 6


    6
23 de abril del 2012


Bárbara aprovechó para dormir un poco más, después de la noche pasada se sentía agotada.
Despertó paulatinamente pensando en su escritor preferido, que la invitara a cenar era el honor más grande que se podía imaginar. Además, en persona, era mucho más atractivo que en todas las fotos que había visto. Tenía pensado ir a verle por la tarde a Puerta del Ángel, antes tenía muchas cosas que hacer y debía pedir permiso a Luigi para poder tener unas horas libres.
Tras un rápido baño el olor a café que inundaba el apartamento la arrastró a la cocina, sus compañeras le habían preparado un suculento desayuno. También ellas estaban todavía medio adormiladas después de la intensa nochecita que no dio resultado alguno.
Por lo visto nuestro asesino ha decidido descansar, vete a saber dónde estará en estos momentos el cabrón. ¿Preparando la próxima jugada? ¿Viajando hacia otra capital? ¿Disfrutando de Sant Jordi? ¿Comprándole una rosa a su p... madre. – parloteba Jorgina, más para sí misma que para las demás. – Buenos días Bárbara–Raquel, ¿has dormido bien?
Bueno, aparte de una docena de pesadillas, el jet lag y los ruidos del vecino, no ha estado mal. No, en serio, he dormido poco pero bien. ¡Un cafecito, porfa!
¡Hoy es tu cita con el adonis! ¿Qué te vas a poner?
Espero que Fondant no me ponga pegas.
No, mujer, ya sabes que el jefe te adora. Además parece que nuestro amigo se va a tomar su tiempo para volver a partirle el cuello a otra.
No tiene gracia, Jorgina, – le recriminó Silvia – todo te lo tomas a cachondeo.
Pues si te parece me pongo a llorar, querida. ¿No será que tú te lo tomas todo demasiado a la tremenda?
Vamos, no discutáis que tenéis que ayudarme las tres – Raquel se partía de risa con las dos – Sofía, necesito tus mágicas manos de peluquera y las tuyas de maquilladora, Jorgina, vamos a preparar nuestro salón de belleza particular. Silvia, mi manicura preferida, hoy tengo que estar resplandeciente.
¡Exagerada! Si ya sabemos lo natural y poco presumida que eres, a nosotras no nos engañas. Vamos a vestirnos que hay reunión en media hora.
Tenían razón, Raquel, harta de tener que arreglarse tanto para su trabajo tapadera como azafata, cuando no volaba se ponía lo más sencillo y cómodo que tenía y se maquillaba lo justo.
Se encontraron con Luigi en la oficina de la calle Aribau, a las doce en punto. A los compañeros de Francia y Alemania ya les conocían de anteriores casos pero al inglés y al de Bruselas era la primera vez que les veían, aunque habían oído hablar mucho de ellos, uno por su extraordinaria inteligencia y al otro por lo guaperas que era, el belga tenía fama de hombre fatal, todo un James Bond.
Las cuatro se quedaron de piedra al verle, era impresionantemente guapo, una maravilla. Se llamaba Ian d´Hoogue.
Este es mío, – cuchicheó Jorgina – lagartas, no le miréis tanto, joder.
--Tenemos novedades sobre la mujer encontrada ayer en el Hostal Roma, Margarita Recasens, – empezó a decir Luigi – había dejado a sus hijos al cuidado de una canguro adolescente porque su marido está viajando por trabajo, parece ser que le entraron ganas de fiesta. No tiene muy buena fama en su barrio. Sus padres están esperando a que les entreguen el cuerpo, están destrozados.
¿Y los niños? – Preguntó Silvia, mirándose sus deportivas amarillo fluorescente con timidez.
Están con sus tíos paternos y sus primos, no saben nada, son muy pequeños.
A Raquel se le hizo un nudo en el estómago. Jorgina estaba más seria de lo habitual en ella. Sofía sintió crecer la ira en su interior y a Silvia le resbalaron unas furtivas lágrimas. Fondant lucía unas oscuras ojeras.
¿Qué sabemos del recepcionista? – Inquirió Sofía.
La policía nacional ha ido a buscarlo a su casa, les recibió su hermana, por lo visto hoy tiene fiesta y pensaba pasear por los puestos de libros y celebrar este día con un grupo de amigos. No contesta al teléfono, es muy posible que lo tenga apagado. Deberemos esperar a que su hermana le de el recado, se va a llevar un buen susto cuando sepa la noticia.
¿Qué opinan nuestros colegas, los guiris? – Bromeó Jorgina para romper el hielo – ¿Tienen algo nuevo que aportar?
Hemos trabajado con varios psiquiatras para concretar un perfil, teniendo en cuenta el tipo de víctimas, el modo de matar, los lugares, en fin, según la opinión de los expertos lo más factible es que el sujeto en cuestión haya sido maltratado por alguna mujer en su infancia o bien que haya sido cruelmente traicionado por alguna siendo muy joven. Lo que le mueve no es un deseo de matar por matar, parece más bien una especie de venganza. – Explicó John, el inglés.
¿Entonces es posible que no busque él a sus presas sino que sean ellas las que le “encuentren” a él, dándole motivos para querer acabar con ellas. Despertando sus ansias de venganza? – Propuso de nuevo su teoría Raquel.
Muy aguda, señorita, es justo la conclusión más posible, en eso estamos todos de acuerdo. – La felicitó Walter, que hablaba un perfecto español. Había nacido en Hamburgo pero su padre era español y su madre italiana por lo que dominaba varios idiomas.
Pues lo tenemos claro, – se mofó Jorgina – hombres que se sienten maltratados o traicionados por mujeres los hay a miles, por no decir millones.
También es cierto – la alabó Ian, que no le quitaba ojo – será como buscar ¿un pajar en una aguja, dicen los españoles?
La carcajada de Jorgina resonó en toda la sala, lo que hizo reír a todos, incluida Silvia.
Ya te enseñaré yo español, colega, ¿esta noche?
Disolvieron la reunión entre risas para no atormentar más sus espíritus con la imagen de los niños huérfanos de madre. Todos se entendían muy bien después de años de lucha contra la maldad más real.
Tomaros la tarde libre, hasta las diez, pero tener los móviles pegados a la oreja. – Dijo Fondant, despidiéndose – Yo voy a dormir una larga siesta, espero. Hasta que aparezca el recepcionista, que puede ser a cualquier hora.
Las chicas invitaron a los extranjeros a comer en su casa, nunca iban más de dos a ningún lugar público.
Raquel y Silvia se ocuparon de la ensalada y una buena tortilla de patatas mientras Jorgina y Sofía mimaban a sus huéspedes en el salón.
Ian no dejaba de rozar con cualquier excusa a Jorgina, ésta se dejaba, haciéndose la tonta.
Jean Paul miraba como la luz del sol hacía brillar los rubios cabellos de Sofía, – las mujeges españolas son muy jolie, a mí gustag tus pecos.
¿Tus pecos? Serán sus pecas, – explotó de risa Jorgina – lo que nos faltaba, un francés seductor.
Walter y John, absortos con las imágenes del televisor, se unieron a las risas.
Ya te dije que no debimos traerlos, son peligrosos, – bromeó Walter – vayan con cuidado señoritas.
Ja, – respondió Sofía – tranquilo, con otros toros hemos lidiado.
¡Oh, tu seg togega!, – se admiró el francés.
¡Torera! Ja, ja, ja, no, hombre, no, ¡detesto las corridas!
¡Qué lástima! – contestó Jean Paul, que hablaba mejor español de lo que quería dar a entender.
Raquel y Silvia entrando con los platos les descubrieron muertos de risa.
Tras la comida se despidieron hasta la noche.

LIBERTAD TOTAL 5


5
23 de abril del 2012


Richard se despertó sobresaltado al oír el timbre desconocido del teléfono.
¡Coleman, dígame!
Buenos días, señor, le llamo de recepción, son las siete de la mañana. – Anunció una voz femenina.
Bien, gracias.
Se dirigió al baño, necesitaba una ducha con urgencia y un buen café español. Su cita con el equipo de Amazon estaba planificada para las nueve por lo que tendría tiempo de tomar un buen desayuno.
Mientras se afeitaba recordó a la bella azafata, “¿cómo se llamaba? Ah, si, Bárbara. La veré hoy de nuevo, es una chica especial...” Una llamada a la puerta interrumpió sus pensamientos. “Debe ser mi café.”
Pero le esperaba una sorpresa. Se puso la camisa por encima y acudió a abrir.
Buenos días, bienvenido a Barcelona.
¡Jaime, Carlos, qué alegría veros, cuánto tiempo! Adelante, pasad, – invitó, mientras intercambiaban sendos abrazos. – Acomodaros. – les dijo, señalando una mesa de cristal mientras cogía el teléfono. – Si, desayuno para tres, please.
¿Qué tal, amigo? Como sabemos el día que te espera hemos decidido que lo empezaras con nosotros, queremos ser los primeros en felicitarte. Tu nuevo libro también causa furor en España, ya lo sabes. – Comentó Jaime, abrazándole una vez más.
–¡Ya teníamos ganas de verte, desde el año pasado casi no tenemos noticias de ti, ingrato! – Gritó Carlos, con su típico falso enfado – esta noche te invitamos a cenar, tenemos mucho que contarnos.
Lo siento, a cenar no va a ser posible pero pienso quedarme por aquí varios días.
Mientras el camarero les servía el desayuno Richard acabó de prepararse, en una hora debía estar en la recepción.
¿Qué me contáis? Jaime, ¿sigues persiguiendo criminales? Y tú, Carlos, ¿sigues intentando curar a tus pobres locos?
Seguimos igual, nada a cambiado, – respondió Jaime, por los dos – por cierto la noche pasada han asesinado a una mujer de una forma un tanto extraña.
    Extraña, ¿por qué?, me interesa.
¡La han matado rompiéndole la cerviz, cómo en las películas de guerra, vamos! Ya te contaré más detalles en otro momento.
Curioso, ¿y cómo lo llevas con la policía? Sé que no aprecian demasiado a los detectives privados, aunque a ti te tienen bastante mimado.
Porque les he sacado muchas castañas del fuego, no pueden vivir sin mí – bromeó – la verdad es que este caso está resultando complicado, creemos que es un asesino en serie aunque todavía no le hemos bautizado.
Ja, ja, ja, adoro vuestras expresiones. Y tú, Carlos, ¿también colaboras con ellos?
No, Richard, de momento, no.
Bien, chicos, voy a tener que dejaros, mis lectores me esperan. Hoy va a ser un día completo.
Se despidieron con la promesa de volver a verse lo antes posible, los tres eran íntimos amigos desde hacía mucho tiempo.
En cuanto le vieron aparecer el equipo de Amazon le colmó de atenciones, no en vano para ellos era un triunfo que al fin se decidiera a publicar sus anteriores obras como e–book para su Kindle, y en rigurosa exclusiva. Era tal el número de clientes interesados que no bajaba del número uno.
Le presentaron a cuatro escritores más que iban a compartir la mesa redonda con él, especialmente congenió con los escritores noveles, sobre todo con uno de Almería que era especialmente humilde, conocía su novela y admiraba su sensibilidad. También sintió una gran simpatía por dos mujeres, una compañera valenciana que aparte de guapísima, alta y elegante era una gran escritora, escribía más bien novela histórica, y por Antonia J.C., una dama entrañable.
La sala se llenó de diversos medios de comunicación y algunos clientes de Amazon. Le gustó el detalle de que guapas azafatas regalaran una rosa a todas las damas.
El tiempo se le paso en un suspiro en tan buena compañía, pero no se podía relajar, al terminar conversaron un poco entre ellos y con los medios. Tras despedirse e intercambiar tarjetas salió a toda prisa pues le esperaban en una caseta de la Plaza Catalunya.
La rambla estaba llena de rosas y puestos de libros, e esa hora aún no había demasiada gente curioseando por ella. Le encantaba esa fiesta. Se quedó asombrado con más de una estatua humana, su santa paciencia le causó admiración y repartió billetes a todas, omitiendo las fotos.
Al llegar a la enorme carpa alargada donde le esperaban para firmar sus libros junto a cuatro escritores más, apreció que la plaza tampoco estaba muy llena. Las radios transmitían sus programas en directo creando un ambiente dinámico, después tendría una entrevista con una de ellas, Catalunya Radio. Le invitaron a un café, lo cual agradeció enormemente, había dormido poco la última noche.

LIBERTAD TOTAL 4


4
23 de abril del 2012
Interpol

¡El asesino ha vuelto a actuar! – Anunció Luigi Fondant, inspector de la Interpol – La noche pasada, en Barcelona. Les quiero a todos en sus puestos, sobre todo a vosotras, con los ojos bien abiertos.
En una pizarra blanca resaltaban en mayúsculas varias palabras y frases con rotulador rojo.
Las cuatro policías españolas escuchaban atentamente.
 – Como verán, ésta es la cuarta víctima. A la primera la mató en Frankfurt, a la segunda en Londres y a la tercera en Paris.  –  Dijo Luigi, mientras señalaba las fotos de las respectivas mujeres asesinadas, enganchadas a un tablón de corcho sobre un mapa de Europa.
 – ¿Alguna huella?  –  Preguntó Raquel, aun adivinando la respuesta.
 – Ni huellas ni ninguna maldita pista, tenemos que cazarle en su juego, ya me entienden. El problema es que no sabemos cuando ni donde volverá a atacar, no sigue un patrón claro.
 – Hasta ahora ha actuado solo en grandes ciudades y siempre por la noche,  –  apuntó Sofía – debe tener una gran libertad de movimientos y parece que no le faltan medios económicos.
 – Un punto en común es que las ciudades donde cometió los asesinatos estaban en época de ferias importantes, hoy es Sant Jordi, fiesta de la rosa y el libro, Barcelona está llena a rebosar.
Hoy es el día de los enamorados en toda Cataluña, los hombres regalan rosas a sus mujeres y ellas les regalan un libro a ellos. En prácticamente todos los pueblos y ciudades hay venta de rosas y libros, y firmas de libros en todas las capitales.  –  Informó Silvia.
 – En Frankfurt, el 12 octubre, también hubo la Feria del libro, pero en Londres y en París, en enero, las ferias eran distintas, una del Salón Náutico y la otra de submarinismo.
 – Vamos a ver, puntualicemos:
12 de octubre, Buchmese en Frankfurt.
 7 de enero, Salón Náutico en Londres.
13 de enero, Salon de la plongee en París.
23 de abril, Sant Jordi en Barcelona.
Piensen que la Feria Internacional del Libro en Barcelona, LIBER, será del 3 al 5 de octubre. Si solo tuviéramos que cubrir estas ferias no sería tan difícil, tendremos que controlarlas todas.
 – En cuanto a las fechas tampoco nos dicen nada.  –  Apuntó Raquel – Podría darse el caso de que sean las víctimas las que le provoquen, que él no tenga nada previsto.
 – No es usual pero todo es posible. ¿Y cómo sabemos que es un hombre?  –  Preguntó el inspector.
 – Podría ser una mujer, desnucar a una persona o animal es más cuestión de técnica que de fuerza.  –  Dijo Silvia, no del todo segura.
 – ¿Algún testigo? ¿Qué sabemos de la última víctima?  –  Preguntó Jorgina, mirando de reojo a Silvia.
 – Tenemos que hablar con el recepcionista del hotel, cuando le encontremos, ha desaparecido. En cuanto a la mujer estamos investigando su entorno, es pronto todavía, hace menos de una hora que la encontraron.  –  Afirmó el inspector, escuetamente.  –  Esperemos que la noticia no salte a los medios demasiado pronto, los peces gordos no presionarán mientras el público no sepa nada.
 – Creo que solo sacaremos algo en claro investigando a las víctimas,  –  señaló Jorgina, levantándose y cogiendo el rotulador – ninguna de las cuatro era ni ha sido nunca prostituta, segunda coincidencia,  –  apuntó – las cuatro eran mujeres fáciles, falta saber más sobre la de Barcelona, tercero, todas rondaban los 30 años, uno más o menos, y por último, tenían hijos pequeños.
 1. No prostitutas.
 2. Mujeres fáciles, ordinarias.
 3. Frankfurt, 29; Londres, 30; París, 31; Barcelona, 30.
 4. Hijos de corta edad.
         Frankfurt, 2; Londres; 3, París, 2; Barcelona, 2.
     – ¿Estaban casadas?  –  Preguntó Raquel, atenta a la pizarra.
         Frankfurt, casada; Londres, separada; París, divorciada; Barcelona, casada.  –  siguió escribiendo Jorgina.  –  ¿Más preguntas?
      – ¿Alguna similitud en el aspecto físico?  –  Quiso saber Silvia, que siendo la más reciente en incorporarse al grupo de investigación no estaba al tanto de todos los detalles.  –  ¿Color del pelo, peso, estatura, ojos?
       – Todas son en cierta forma distintas, vamos a ver,  –  Jorgina tomó unos papeles y se dispuso a anotar los rasgos de cada una.
Color del cabello: Frankfurt, rubia; Londres, pelirroja; París y Barcelona, negro.
Peso: Frankfurt, 60; Londres, 61; París, 58; Barcelona, 50.
Estatura: Frankfurt, 1,70; Londres, 1,73; París, 1,68; Barcelona, 1,65.
Ojos: Frankfurt, azules; Londres, azules; París, verdes; Barcelona, grises.
 – Parece que le gustan altas,  –  dijo Sofía – es curioso.
 – Estas son mis chicas,  –  dijo Luigi, sonríendo – quiero que tengáis a vuestros equipos listos, tanto aquí como en las demás capitales donde hayan ferias o eventos importantes. No quiero que ninguna trabaje sola, siempre con el compañero, sin excepción.  –  Insistió, mirando especialmente a Raquel – Te conozco, campeona, no voy a permitir que corras riesgos como la última vez.
 – Descuida, me cuidaré – mintió, le gustaba ir a su aire.  –  Voy a hablar con los forenses y a peinar toda Barcelona.
 – A las ocho de esta tarde me reuniré con los agentes que llevan el caso en el extranjero, si hay alguna novedad os la comunicaré de inmediato. Buena suerte, señoras.  –  Las despidió el inspector, no del todo tranquilo.

LIBERTAD TOTAL 3


                                                                            3
                                                            22 de abril del 2012

El bar del hotel estaba muy concurrido, los clientes tomaban su última copa antes de retirarse a sus respectivas habitaciones.
El estaba en la barra, al acecho, con su atractivo cuerpo delgado pero musculoso y un rostro de protagonista de película sabía que la rubia sentada a su lado no tardaría en caer. Llevaba tiempo observándola. 
“No es clienta del hotel, es la típica buscona de la ciudad. Otra ilusa que solo por ser guapa esperaba dar el salto en su mísera vida cazando algún millonario, extranjero y tonto, eran los más fáciles. Aunque sabía que la gran mayoría solo la querrían para esa noche a cambio de una generosa recompensa no dejaba de intentar que alguno se enamorara y así poder realizar su ambicioso sueño.”
Ella se sabía observada, adoptó una actitud muy digna pero muchos detalles la delataban: la confianza con el camarero, las múltiples miradas de reojo que creía imperceptibles, la postura forzada, su atuendo más propio de una adolescente que de una mujer segura de sí misma, la supuesta indiferencia y otros tantos detalles evidentes que a él no se le escapaban.
“Este no deja de mirarme, es demasiado guapo, no se dejará engatusar pero no está nada mal para un revolcón. A ver si se decide a hablarme de una vez, ya está tardando.” Pensaba mientras se movía inquieta sobre el taburete.
 – ¡Otra copa y sírvale también a la señorita, lo que desee!  –  le dijo al camarero mientras a ella le regalaba su sonrisa espectacular.
 – ¿Me permite invitarla?
 – Por supuesto, gracias, hablas muy bien el español, ¿de dónde eres? ¿Te quedas muchos días? ¿Qué haces en Barcelona? Si quieres puedo enseñarte la ciudad.
“La he puesto nerviosa. Vaya parloteo.”
 – Soy masajista – con esto tiene suficiente – la noto un poco tensa.
 – Pues no me iría mal un masaje, tienes razón, tengo la espalda que no puedo con ella. ¿Vamos a tu habitación?
 – No me alojo en este hotel, estoy en casa de mis abuelos. ¿Vives muy lejos?
 – ¿Tus abuelos viven aquí? Pensaba que eras extranjero.
 – Y lo soy, estoy de visita. ¡Vamos a otro hotel!
Terminadas las consumiciones salieron a la rambla y se adentraron en las pequeñas calles, menos transitadas, en busca de un hotel menos conocido.
 – Dales tu carnet, me he dejado mis documentos en casa – le dijo, rozándole la oreja con sus labios.
 – Van a pedir el tuyo también.
 – Di que soy tu marido, los dos tenemos alianza – argumentó sacando dos anillos iguales del bolsillo interior de su americana.
 – Ja, ja, ja, lo tenías todo previsto, pillín.
 – No, son de mi primo, se casa mañana.
No les pusieron pegas en el hotelucho, con cien euros de propina hicieron la vista doblemente gorda.
 – Estoy deseando ese masaje, por cierto, ¿cómo te llamas? , yo soy Margarita.
 – Raymond, ¡desnudate y tumbate boca abajo!  –  Le ordenó, sentándose en un sillón.
 – Y tú, ¿no te desnudas?
 – Después, quiero contemplarte.
Ella empezó a hacer un simulacro de striptease silencioso mientras le miraba y gesticulaba ridículamente seductora.
 – Ven aquí, mi amor,  –  le invitó entre risitas, mientras se acostaba, como él le había indicado, ofreciéndole toda su parte trasera.
Él se acercó abriendo un sobrecito de aceite para masajes, se sentó a horcajadas sobre ella, sin desvestirse, y empezó a masajear su espalda.
 – ¡Qué alivio, cómo me gusta!
 – Guarda silencio, ahora viene lo bueno. 
La cogió por ambos lados de la cabeza, acariciando su cabello con las yemas de los dedos, ella se relajó completamente, él, con un repentino y brutal giro, la desnucó.
Se levantó despacio, se quitó los guantes transparentes, recuperó el anillo y salió al amparo de la noche, de vuelta a su hotel.

LIBERTAD TOTAL 2


22 de abril del 2012


Una azafata le acompañó a su asiento en primera clase.
 – Es un honor tenerle a bordo, Sr. Coleman, me encantan sus libros.
 – Muy amable – contestó, con la seriedad que le caracterizaba.
La observó mientras se alejaba, alta y delgada, con el pelo negro en un alto e impecable recogido, ojos como zafiros y lo que más le gustó: un hoyuelo en cada mejilla que le resultaban fascinantes.
Tras el despegue abrió su Mac para dar inicio a su siguiente novela, Richard Coleman escribía con pasión y una imaginación desbordante.
Las azafatas le miraban tras las cortinas.
Alto, con una madurez interesante, moreno con reflejos plateados y unos ojos azules como el mar en agosto.

– Muy interesante, ¿quién es?  –  preguntó la compañera, curiosa. Hacía varios meses que volaban juntas, una buena amistad había ido creciendo entre ellas.
 – Vamos, Ruth, es el más afamado escritor del mundo, se nota que no te gusta leer.
 – Es que lo que escribe es un poco complicado para mi gusto, Bárbara, ¿qué te ha dicho antes? Está muy taciturno.
 – Nada, se ve que está cansado de tanto viaje, con la presentación de su último libro no para.
 – ¿Pregúntale si quiere tomar algo? ¿Es soltero?
 – Creo que si, siempre se le ve solo, si tiene a alguien la tiene muy escondida. No me importaría conocerle un poco mejor, hablar con él tiene que ser toda una experiencia.
 – Pues adelante, tu puedes, conoces sus escritos de memoria – le dijo su compañera, dándole un pequeño empujón.
Bárbara se acercó tímidamente al escritor, no quería perturbarlo, se le veía tan concentrado.
 – Disculpe, Sr. Coleman, ¿desea tomar algo?, la comida se servirá en breves momentos.
 – Una copa de vino blanco, por favor,  –  respondió con la vista fija en su ordenador – muy frío.
 – Perfecto, señor.
Se había quedado a mitad de un párrafo, cavilando, ¡no es esto lo que quiero escribir! Cerró el ordenador y se relajó en su asiento, tenía que pensar.
Delante de él había una señora con un niño pequeño que empezó a llorar, Bárbara acudió presurosa a consolarlo, le cogió en brazos y se lo llevó. Al volver, el niño parecía feliz.
 – Su copa, Sr. Coleman.
 – ¿Qué le ha dicho al niño? Se ha calmado enseguida.
 – Bueno, le he prometido que antes de bajar del avión le enseñaría la cabina y le presentaría al comandante. Eso siempre funciona, más un par de caramelos a, supuestamente, escondidas de su mamá... ya me entiende.
 – Es usted buena psicóloga.
 – En parte gracias a usted, he aprendido mucho con sus obras. Voy a traerle su comida, si me disculpa...
Además de guapa es inteligente – pensaba Richard, mientras contemplaba el mar mediterráneo  por la ventanilla.
Tras el almuerzo se le cerraron los ojos, que grato es tener sueño y poder dormir,  dejar que los párpados caigan rendidos con la tranquilidad de saberse a salvo.
El comandante habló por megafonía: el clima es apacible en Barcelona, 20 grados, tomaremos tierra a las 16:05 horas, agradecemos que hayan escogido nuestra compañía aérea y  esperamos recibirles muy pronto de nuevo a bordo.
 – Mañana no tengo que volar, espero que no le moleste dedicarme sus libros.
 – Me sentiré muy honrado, a pocas mujeres les gusta lo que escribo. Me gustaría invitarla a cenar, mañana hablamos. ¿En qué hotel se aloja?
 – Estaré en casa de mis padres, ¿y usted?
 – En el hotel Meridien, en la Rambla. A primera hora tengo una mesa redonda con Amazon y después estaré en varios puestos para la firma de libros.
 – Hasta mañana, Sr. Coleman,  –  se despidió, estrechándole la mano – le buscaré.
 – Buenas tardes, ha sido un placer conocerla, Bárbara.










AVISO: No os creáis todo lo que leéis.